El poder de las palabras

El embrión tiene un desarrollo vertiginoso. Nada hay que hagamos más rápido en nuestra vida que crecer cuando somos embrión. Aunque a veces este movimiento se detiene, de repente.

Durante la primera semana la multiplicación celular sucede en el contenido de lo que originalmente fue el óvulo. Este ser compacto en un contorno perfectamente definido, finaliza cuando el embrión alcanza la perfección de la mórula. Durante la segunda semana de vida, le corresponde al embrión desarrollar el afuera, se conforma en blástula, y empieza así a crear la estructura para implantar en el útero materno, empieza a crear la placenta. Durante toda esta segunda semana el embrión crecerá como raíces en el cuerpo de la madre, llegará todo lo lejos posible, creará la mayor estructura de arraigo de la que sea capaz, es su conducta fundamental. Y cuando ha pasado este tiempo el embrión tiene que desarrollar una nueva estrategia para seguir evolucionando.

Después de ir hacia fuera tiene que regresar hacia dentro.

Su impulso vital ha de dirigirse nuevamente hacia el embrioblasto, para invertirlo en la creación de su cuerpo, para establecer el puente entre el afuera, del que traerá el alimento, y el adentro, donde se desarrollará a sí mismo.

Hay que decir Sí muchas veces para llegar a nacer. En cada cambio de estado hay que decir “Sí, deshago mi estructura, cambio mi inercia, voy hacia la siguiente forma…”. También la madre ha de decir Sí varias veces y de maneras distintas. Ambos tienen que decir sí quiero, y poder hacerlo…

Algunas veces, muchas más de las que tenemos en cuenta, no se regresa de la fase expansiva. Los motivos se nos escapan, y aunque enumerásemos algunos, en último término está el misterio íntimo de cada vida. El caso es que a veces la fuerza vital del embrión no regresa a sí mismo. No establece el puente y se deja ir, allí extendido.

Cuando esto sucede y una mujer embarazada se da cuenta de que algo no va como se esperaba, acude al médico, y le dicen “no estabas embarazada, es un huevo huero”. Esto es absolutamente desconcertante, pues no es cierto que no haya habido un embarazo, ¡lo hubo! No es una especie de embarazo estéril, es un embarazo que ha completado 2 semanas de gestación, un embrión de 2 semanas que no siguió adelante. Una vida corta. También se podría decir, “tu hijo se ha ido, no superó la fase de implantación; ha arraigado en tu útero, pero no ha regresado hacia sí mismo para establecer su corazón”. La manera de vivir una muerte depende mucho de cómo nos contemos lo que significa la vida. Con las palabras creamos la vida.

Cada vida tiene  su tiempo de llegar y marchar.

Algunas vidas viven 2 semanas. Otras 80 años. En todas crecemos. En todas las que habitamos, permanecemos.

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La siguiente forma por Ana Feal
                            

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