Berta Cruz

Al amigo invisible que vive en mi vientre:

Mis dedos pintan, dibujan con colores que se esparcen en el lienzo. En el momento en que llegaste sentí la comunión, la tríada, que como una forca nos unió a fuego con el cielo. Lloré.

Los tres nos abrazamos por primera vez, y nos unimos. Desde entonces experimento aguas, ensoñaciones muy de otro plano, de tu presencia y otros lugares.
Ciertamente no me equivocaba, la madre que se abre en mi viene haciendo aguas.

Dilusiones, colores de otro lugar.
No me da miedo, me da asombro. Me asombra tanta belleza, y la observo en modo de contemplación.

Decenas de pensamientos se presentan, y vienen de donde vienen y van a donde van. Atravesando el tiempo y el espacio, gracias a ti.

Mi marioneta. Mi muñeco. Solo producto de unos cuerpos que se aman. Y tan real que me desborda, me colma como vaso de agua. Solo voy a dejar que el agua siga fluyendo. Ya no soy ese vaso, soy infinita porque me has poblado tu.

Te amo como nunca te he amado, eres nuevo, eres sueño. Y siempre, por siempre jamás te amaré como ese sueño que se ha ido transformando en alma. No se a donde vas, pero vienes a través de mi a pintar aguas en este lienzo de formas suaves. Que es mi cuerpo, que se afloja que se amolda, que se amasa y que tu das forma.

Vivo soñando, que le vamos a hacer. Me habéis inspirado y ayudado. Gracias